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| Fundado 24 de marzo de 2008 | 31 de octubre del 2026 |
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Arqueólogas de México y Francia analizan los retos en el ejercicio de su disciplina
Relatos como este tuvieron eco en la investigadora de la Subdirección de Arqueología Subacuática del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Pamela Lara Tufiño; la directora de Investigación del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, Véronique Darras, y la investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México, Campus Morelia, Karine Lefebvre, quienes participaron en la mesa redonda “Cómo me volví arqueóloga”, donde expusieron que el interés por la disciplina se remonta a sus primeros años, gracias a la influencia de sus padres, visitas a zonas arqueológicas y libros de divulgación. El conversatorio, realizado el 28 de octubre de 2026, en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, Dr. Eusebio Dávalos Hurtado, se enmarcó en la Noche de la Antropología, organizada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del INAH, en colaboración con la Embajada de Francia y el Instituto Francés de América Latina, en el marco los 200 años de relaciones entre ambos países. Las cuatro especialistas coincidieron en que se decantaron por la arqueología debido a su carácter diverso, que lo mismo engloba trabajos de campo, excavaciones y tareas manuales, que análisis de materiales, trabajo de gabinete y labores intelectuales, así como su relación con otras ciencias, como la geología, la estratigrafía o la cartografía, que permiten la reconstrucción histórico-social. Ello les ha llevado a trabajar en una diversidad de entornos: desde el corazón de la Ciudad de México, como es el caso del Proyecto de Arqueología Urbana del INAH, hasta montañas, volcanes, bosques, selvas, humedales y cuevas, así como lagunas, ríos, cenotes y el mar. Para Pamela Lara, estos últimos representan “una experiencia sensorial diferente a los trabajos en tierra, sobre todo en términos de lo que sientes con el cuerpo: luces, oscuridad, agua”. Sin embargo, las y los arqueólogos no solo investigan en territorios vírgenes, también en aquellos intervenidos por el ser humano con actividades como la agricultura intensiva. Por ejemplo, en el norte de Michoacán, se ha visto un incremento en la producción del aguacate, lo que transforma el entorno. “Hace un siglo, en la zona de Zacapu había una ciénega gigantesca. El paisaje que vemos hoy está cambiando de manera muy fuerte, y es muy distinto del que pudieron ver las personas que estamos estudiando”, dijo Karine Lefebvre. En este sentido, Véronique Darras mencionó que el calendario agrícola influye mucho en la práctica arqueológica, ya que se requiere organización para no intervenir en tiempos de cultivo, además del acercamiento con las comunidades. Sobre los retos del trabajo en campo, comentó sobre la diversidad de criterios e intereses que hay en las poblaciones locales en torno al trabajo arqueológico, y lo disruptivo que resulta esta actividad para su vida cotidiana. Esto implica comunicación para explicar lo que se realiza, por qué y para qué entrar a territorios que están bajo su protección. “Nosotros vamos a crear una nueva territorialidad, que consideramos legítima, pero también la población tiene su propia representación del espacio”. Respecto a la petición de permiso para ingresar a sitios y la manipulación de restos humanos, las arqueólogas admitieron que ha habido un aprendizaje resultado del trabajo con las comunidades, e, incluso, en algunos casos realizan ceremonias ex profeso. “Todas estas prácticas de pedir permiso al lugar o a la persona, más que una creencia, es una señal de respeto”, manifestó Ximena Chávez. Finalmente, al hablar de las y los arqueólogos como agentes sociales que podrían tener un papel más participativo en las localidades, concluyeron que es necesario dar a estas una mayor participación en la producción de conocimiento y el relato científico, las cuales deben ser las primeras en conocer los resultados de las investigaciones, para complementar la historia nacional con una visión más local, que permita su reapropiación y el fortalecimiento de sus relatos. Para ello, puntualizaron que es necesario cuestionar a la academia, la cual, si bien es la responsable de su formación, continúa un poco alejada de las realidades que observan durante los trabajos en campo. “Debemos aceptar que hay diferentes formas de conocimiento y no solo el científico es el válido”, finalizó Pamela Lara.
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