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Apuesta Claudia Sheinbaum a respaldar a los políticos morenistas solicitados por EEUU; se lanzó duro contra ese país
En su mitin, que ya no fue en el Zócalo como se acostumbraba en MORENA y lo suplió por el Monumento a la Revolución, la mandataria no se anduvo con indirectas para señalar a Estados Unidos de presionarla con deportaciones de “narcopolíticos”, como ahora se les conoce en el léxico popular, y exigió a la ciudadanía defender lo que ella llama la soberanía, es decir que la gente dé su vida por esos políticos. Y, como no tienen otro villano, de nueva cuenta Claudia Sheinbaum evocó al ex presidente Felipe calderón Hinojosa como el verdadero narcoestado, con ello eximiendo de toda culpa a Rocha Moya y sus 9 colaboradores de cualquier vínculo con el crimen organizado. Claro que en su encontronazo contra el gobierno de Donald Trump, exaltó que en su gobierno hay récords de inversión extranjera (olvidó decir que de Estados Unidos la mayor parte) y según ella la economía va super. He aquí las palabras del choque directo contra el gobierno de Donald Trump: No olvidemos que durante el sexenio de Fox se vivió la cruel represión de los pobladores de San Salvador Atenco, o la brutal represión a los maestros de Oaxaca; por si fuera poco, Fox encabezó el desafuero en contra de Andrés Manuel López Obrador. Y su obra cumbre: el fraude electoral del 2006 que llevó a la presidencia al espurio de Felipe Calderón, que llenó el país de muerte, de sangre con la fallida guerra contra el narco, en la que la alianza con un cártel de la droga fue demostrada con creces. Ese fue el narcogobierno. Monsiváis decía que “la verdadera doctrina del conservadurismo es la hipocresía”. Y, en efecto, son hipócritas. No olvidemos nunca que fueron 36 años de gobiernos neoliberales, que entregaron la riqueza del pueblo y de la nación a unos cuantos. La política económica era dictada desde el exterior. Además, permitieron la injerencia del gobierno de los Estados Unidos en una buena parte de las decisiones de la vida pública de México. Recordemos, por ejemplo, que en las memorias de Labastida se confiesa que Ernesto Zedillo pactó en Estados Unidos la salida del PRI y la llegada del PAN a la presidencia a cambio del préstamo de 40 mil millones de dólares para atender la crisis que ellos mismos provocaron. Con Calderón, la guerra contra el narco fue planeada desde el exterior y las agencias estadounidenses tenían la puerta abierta, planeaban y operaban en territorio. No olvidemos el pacto del operativo Rápido y Furioso que permitió la entrada de miles de armas de alto poder con el pretexto de localizar a los grupos delictivos y que acabaron con la pérdida de vidas de estadounidenses y de mexicanos. Los tiempos cambiaron. En México gobierna el pueblo. Además, a diferencia del pasado, no se reprime, no se usa la fuerza del Estado contra el pueblo, se practica la mayor libertad de expresión de la historia, no existe la censura y todas las autoridades, incluido el Poder Judicial, son elegidas por el pueblo de México. El modelo del Humanismo Mexicano y la Economía Moral fortalece la distribución de la riqueza y el desarrollo de la economía desde abajo. No dejamos todo al mercado, ni confiamos en que los beneficios lleguen por sí solos al pueblo. Promovemos un Estado que impulsa el desarrollo, garantiza los derechos sociales, promueve los sectores estratégicos y coloca el bienestar de las mayorías en el centro de las decisiones públicas. Aun con las difíciles circunstancias internacionales, marcadas por un cambio en la política arancelaria del gobierno de Estados Unidos y la guerra en Irán, la economía mexicana permanece estable y avanzando. Por eso, hay que estar alertas, informar desde el territorio, platicar con las familias, no dejarse llevar, y entender que esta es una nueva forma de manipulación. Esta campaña a la que me refiero se intensificó después de que, el pasado 19 de abril, se hiciera pública la lamentable muerte en un accidente de dos agentes estadounidenses sin acreditación oficial, y de dos mandos de la Fiscalía General de Justicia de Chihuahua que participaban en una visita a un laboratorio, porque el desmantelamiento corrió por parte de la Fiscalía General de la República. Frente a estos hechos, la Fiscalía General de la República abrió una carpeta de investigación por posibles violaciones a las leyes mexicanas. Y aquí queremos ser muy claros: la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y la Ley de Seguridad Nacional establecen con precisión que ningún agente extranjero puede realizar tareas que corresponden exclusivamente a las autoridades mexicanas. Quien venga a nuestro país debe hacerlo con respeto a nuestra soberanía, acreditándose conforme a la ley y sujeto a nuestras normas. Pocos días después, ocurrió algo todavía más grave: una oficina del Departamento de Justicia de los Estados Unidos solicitó, con carácter de urgente, la detención con fines de extradición de 10 ciudadanos mexicanos —entre ellos, un gobernador, un alcalde y un senador en funciones— sin presentar públicamente pruebas que sustentaran esa solicitud. Un hecho de esa magnitud no tiene precedentes en la historia de nuestra relación bilateral. Y entonces debemos preguntarnos, surge la pregunta legítima: ¿Es realmente interés legítimo, genuino por ayudar a México? ¿Es realmente un interés legítimo para combatir a la delincuencia organizada? ¿O quizá estamos viendo cómo sectores de la ultraderecha estadounidense utilizan a nuestro país para posicionarse rumbo a sus elecciones de 2026? ¿O acaso pretenden influir en la elección de 2027 en nuestro país? No son preguntas retóricas. ¡México no es piñata de nadie! Por eso, hemos sido muy claros en el caso de autoridades del vecino país del norte. Para ayudarnos a disminuir la violencia en México es indispensable detener el tráfico ilegal de armas hacia nuestro país, y es fundamental que atiendan el grave problema de consumo de drogas en su territorio. Así como nosotros actuamos en el nuestro, ellos también deben romper las cadenas de distribución de drogas y el lavado de dinero que ocurre en los Estados Unidos. Nosotros creemos en la cooperación entre las naciones, en el intercambio de información y en el trabajo conjunto para enfrentar problemas comunes. Pero cooperación no significa subordinación. Colaboración no significa sometimiento. La lucha contra la delincuencia organizada es una responsabilidad compartida por todos los Estados. Pero esa lucha no puede ser excusa para debilitar principios fundamentales del derecho internacional, como la no intervención y el respeto a la autodeterminación de los pueblos. Nosotros vamos a seguir colaborando para evitar que las drogas crucen la frontera, por convicción humanista y porque entendemos el dolor que ese problema causa en familias estadounidenses.
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